martes, 10 de febrero de 2009

Mirar a través del yeso


“Dos pasos a la izquierda, pequeña pausa y dos a la derecha. Baila al ritmo de la canción: con el un, dos, tres, un, dos, tres. Una vuelta perfecta sin descuidar tu mano para que la máscara no caiga”.

Me imagino que esas eran las indicaciones que daban los aristócratas italianos, allá por el siglo XVIII, en pleno apogeo del Carnaval de Venecia.

Como he escuchado de algunas personas: “la vida es un teatro, todo depende qué obra o qué papel quieres interpretar”; relaciono estas palabras con aquel acto antiguo de usar máscaras para ocultar la verdadera fisonomía.

Cambiamos de máscaras para agradar a la gente que rodea nuestras vidas ése es el problema, puesto que no somos quienes desearíamos ser por temor o por pereza. El qué dirán, las dudas, los estereotipos, etc, etc, siempre nos impiden ser quienes realmente anhelamos o somos.

Si la vida es un teatro nunca es tarde de cambiar de papel solo depende de uno mismo hacerlo. Si me gustaría y me sentiría bien siendo la bruja de una obra pues lo disfruto hasta al final y no una linda doncella con la cual me vería frustrada toda la vida.

Desde que nacimos estamos fuertemente atados a usar máscaras (desgraciadamente), y si es así, pues que sea un antifaz que hayamos escogido con voluntad propia.

1 comentario:

  1. Sin duda, cuando una persona abre los ojos después de un largo sueño la luz se torna incómoda. Son pocos aquellos que pueden revelar la verdadera existencia del hombre dentro de una sociedad. La atadura que el sistema mantiene sobre nosotros es tan poderosa que la realidad personal baja de tono para dar paso a la realidad colectiva. Si una máscara permite la adaptación de una persona en la sociedad, no lo sé; sin embargo, mantenerse en una realidad que no es genuina de cada persona es lo que nos tiene enfermos. La enfermedad se llama ceguera!
    Muy bueno tu artículo Isa, te felicito por la forma en que presentas tus ideas. Sigue adelante.

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